miércoles, 23 de junio de 2010

Del otro lado hay unas manos buscando siempre, palpando y abriendo paso para que lleguen unos labios insaciables, unos labios color rosa que se pierden en la piel, unos labios tan ociosos que han tomando como hobbie contar y besar cada uno de mis poros.

Al otro lado, mi lado, hay una Mirada avergonzada, unos ojos que son incapaces de sostener una conversación con esos otros lindos ojos, los ojos de la otra parte. Intenté preguntarles: ¿Qué sucede? Pero no dieron respuesta, están muertos de susto, petrificados ante todo esto tan desconocido, pero contrario a lo que se podría pensar el Cuerpo de esta parte anda de fiesta, es increíble lo contento que mantiene, lo alejado de la realidad que vive por estos días, hace rato no sufre, sus únicos dolores son unas mariposas juguetonas que a veces muerden su estómago. No tiene ni una pizca del miedo que padecen sus hermanos los ojos. El Cuerpo de este lado parece drogado todo el tiempo y es que según dicen él muy tramposo ha hecho un pacto con sus sentidos, sólo siente cosas bonitas y mantiene en Marte o en algún planeta dónde las preocupaciones se van y los días normales sí existen. Muy similar al comportamiento del cuerpo es el de los Labios, lo único es que hace varios días ya no salen cosas coherentes por ellos, pero miedo de conocer o explorar el otro lado, no, eso no.

Lo escandaloso de todo esto es que según rango y distribución de funciones yo debería controlar y decidir los comportamientos de todo este lado, pero nadie me hace caso, nada mas hay que ver: Unos Ojos en shock, un Cuerpo en fiesta y unos Labios brutos.

Este lado está loco y para evitar inconvenientes declaro que esta fuera de servicio, por estos días no hay lugar para ser muy racional o inteligente, nada esta coordinado, pero la verdad ¿Qué mas da? Estoy por unírmele al cuerpo en su fiesta, con toda esta falta de cordura para qué pensar en consecuencias o problemas.

El mundo se cae, pero para mí se caerá sólo a partir de mañana, hoy no.

Carolina P

lunes, 21 de junio de 2010

Mejor nos vamos a volar cometas y no pensamos en nada, mejor dibujamos en la pared una puerta, caminamos por ahí hasta que el cuerpo se agote, hablemos, pero no de este mundo, inventémonos uno, para poder armarlo y desbaratarlo cuantas veces sea necesario mientras vamos caminando.
Podemos tocarnos si queremos, o mirarnos, podemos jugar también, encontrar otras paredes y dibujar otras puertas, hablar de otras cosas y seguir caminando. Pero mejor vámonos, no quiero quedarme para ver que no se pueden dibujar puertas en las paredes y que el mundo no es de plastilina, que aquí ya no se permite jugar, no quiero quedarme aquí, no de pie.

Alicia

Pero son siempre las mismas cosas, son siempre las mismas palabras, siempre, siempre las mismas cosas. Y cuando no quiera que siga siendo siempre, ¿qué sera entonces sino lo mismo?

Caminando.. caminando... paso 1. paso 2. tercer paso. caminando.

Las cosas de siempre y de todos los días, las horas, los círculos.

El desayuno, el almuerzo, la cena, lo que le gusta y le ha gustado siempre, para prepararlo igual, para que tenga el mismo sabor, para no olvidarle, tan simple como siempre.

Los huevos de yema redonda y amarilla y las casas con ventanas, las casas. El futuro.

¡Malditasea! ¡ siguen siendo esas cosas las mismas de siempre !


Alicia.

EN EL PAÍS DE LAS MARAVILALLAS

[…] Si conocieras al Tiempo tan bien como lo conozco yo -dijo el Sombrerero-, no hablarías de matarlo. ¡El Tiempo es todo un personaje!

-No sé lo que usted quiere decir -protestó Alicia.

-¡Claro que no lo sabes! -dijo el Sombrerero, arrugando la nariz en un gesto de desprecio-. ¡Estoy seguro de que ni siquiera has hablado nunca con el Tiempo!

-Creo que no -respondió Alicia con cautela-. Pero en la clase de música tengo que marcar el tiempo con palmadas.

-¡Ah, eso lo explica todo! -dijo el Sombrerero-. El Tiempo no tolera que le den palmadas. En cambio, si estuvieras en buenas relaciones con él, haría todo lo que tú quisieras con el reloj.

Por ejemplo, supón que son las nueve de la mañana, justo la hora de empezar las clases, pues no tendrías más que susurrarle al Tiempo tu deseo y el Tiempo en un abrir y cerrar de ojos haría girar las agujas de tu reloj. ¡La una y media! ¡Hora de comer!

(« ¡Cómo me gustaría que lo fuera ahora!», se dijo la Liebre de Marzo para sí en un susurro).

-Sería estupendo, desde luego -admitió Alicia, pensativa-. Pero entonces todavía no tendría hambre, ¿no le parece?

-Quizá no tuvieras hambre al principio -dijo el Sombrerero-. Pero es que podrías hacer que siguiera siendo la una y media todo el rato que tú quisieras.

-¿Es esto lo que ustedes hacen con el Tiempo? -preguntó Alicia.

El Sombrerero movió la cabeza con pesar.

-¡Yo no! -contestó-. Nos peleamos el pasado marzo, justo antes de que ésta se volviera loca, sabes (y señaló con la cucharilla hacia la Liebre de Marzo).

-¿Ah, si?- preguntó Alicia interesada.

-Si. Sucedió durante el gran concierto que ofreció la Reina de Corazones, y en el que me tocó cantar a mí.

-¿Y que cantaste?- preguntó Alicia.

-Pues canté:

"Brilla, brilla, ratita alada,
¿En que estás tan atareada"?

-Porque esa canción la conocerás, ¿no?

-Quizá me suene de algo, pero no estoy segura- dijo Alicia.

-Tiene más estrofas -siguió el Sombrerero-. Por ejemplo:

"Por sobre el Universo vas volando,
con una bandeja de teteras llevando.
Brilla, brilla..."

Al llegar a este punto, el Lirón se estremeció y empezó a canturrear en sueños: «brilla, brilla, brilla, brilla... », y estuvo así tanto rato que tuvieron que darle un buen pellizco para que se callara.

-Bueno -siguió contando su historia el Sombrerero-. Lo cierto es que apenas había terminado yo la primera estrofa, cuando la Reina se puso a gritar:

« ¡Vaya forma estúpida de matar el tiempo! ¡Que le corten la cabeza!»

-¡Qué barbaridad! ¡Vaya fiera! -exclamó Alicia.

-Y desde entonces -añadió el Sombrerero con una voz tristísima-, el Tiempo cree que quise matarlo y no quiere hacer nada por mí. Ahora son siempre las seis de la tarde.

Alicia comprendió de repente todo lo que allí ocurría. […]


domingo, 20 de junio de 2010


Hay de este sabor amargo que nos está dejando sin palabras, el silencio, parece ser la única respuesta, qué decir si no queda mucho por hacer...A lo mejor sea temprano pero se agota, el tiempo, la mente, el cuerpo, todo se agota. Todo se desbarata.

Alicia.

Pdta: Sal

miércoles, 16 de junio de 2010

En la tumba de Etanislao Zuleta


Y abiertamente consagré mi corazón
a la tierra grave y doliente
y con frecuencia en la noche le prometí
que la amaría fielmente, con pasión,
con toda su pesada carga de fatalidad,
que no despreciaría ninguno de sus enigmas,
y así me ligué a ella con un lazo mortal...

Hölderlin

Fragmento del poema “La muerte de Empédocles”



jueves, 10 de junio de 2010

Váyase, salga de acá. No se lo digo como una orden. Se lo digo de una manera humilde, casi que me humillo para que usted se vaya. Me esta matando, entienda, déjeme vivir así, llena de mentiras. Pero déjeme. Déjeme aunque sea unos días, no me golpee más, deje que yo me recupere de todos estos golpes. Usted últimamente no para, mantengo aturdida, todos lo días me tiene un prueba mas, una revelación mas. No me he recuperado de una y usted ya esta lanzando la siguiente. No me deja un día normal, no, esos días yo ya no los recuerdo. Todos los días están cargados de ideas, de cambios, de miedos, de muertes, de penas, de sueños difíciles, de personas mutantes, de injusticias, de rabias, de desgracias.

¿Será usted o seré yo? Yo ya ni sé, pero intento echarle la culpa a alguien y no veo a nadie más que no sea usted; aunque si lo pensara mejor usted siempre ha estado ahí, fui yo la que cambie y lo comencé a notar. Pero no, prefiero echarle la culpa a otro, así sea a usted que ni tocarlo puedo.

Váyase, aunque sea deme diez minutos de paz yo intento reponerme y organizar mi cabeza. Bueno organizar no, déjeme por lo menos respirar ¿si?... No lo va a hacer ¿Cierto? Presiento que no, usted se ensaño conmigo, necesita verme sangrar un rato, necesita que mi aturdimiento dure un tiempo, tiempo suficiente como para que yo no quiera volver atrás y que con eso ya decida construir un mundo sobre las ruinas del anterior, de ese mundo que usted ya casi ha destruido.


Carolina P